60 años de «Noche y niebla»En 1955 el director nouvellevaguista Alain
Resnais, que después devendría famoso por Hiroshima mon amour (1959), terminaba
el que para muchos es el testimonio más auténtico y desgarrador realizado sobre
la barbarie nazi. Nuit et brouillard (1) es un ensayo documental de 32 minutos
de duración cuyo estreno hizo estallar el debate internacional acerca de la
memoria colectiva sobre el Holocausto, y a nivel expresivo supuso la definición
del sello de autor del director francés.
En 1955 el director nouvellevaguista Alain
Resnais, que después devendría famoso por Hiroshima mon amour (1959), terminaba
el que para muchos es el testimonio más auténtico y desgarrador realizado sobre
la barbarie nazi. Nuit et brouillard (1) es un ensayo documental de 32 minutos
de duración cuyo estreno hizo estallar el debate internacional acerca de la
memoria colectiva sobre el Holocausto, y a nivel expresivo supuso la definición
del sello de autor del director francés.
La película surgió en 1954 por un encargo del
Comité de Historia de la Segunda Guerra Mundial. Resnais exigió como guionista
al poeta y sobreviviente del campo de concentración de Mauthausen Jean Cayrol,
en aras de garantizar la honestidad de su obra. Apoyado en el texto del poeta,
Resnais recorre con su cámara los escenarios de los crímenes tal como se
encontraban en 1955, elaborando un montaje paralelo con las imágenes de archivo
que durante la liberación de los campos fueron captadas por los aliados, o
incautadas a los propios nazis. El resultado es un testimonio audiovisual
configurado mediante una dialéctica presente-pasado, que irremediablemente
sitúa al espectador en calidad de testigo de lo ocurrido.
Mediante largos travellings el documental nos
hace recorrer los terrenos baldíos por donde transitaban los prisioneros, las
vías muertas de los trenes que hasta allí los llevaron, las estancias vacías de
los barracones y demás huellas del genocidio ya invadidas por la maleza, el
pasto y la humedad (y que hoy el mercadeo turístico ha reconfigurado a modo de
parques temáticos escenario de selfis y postales turísticas: macabros espacios
para la frivolidad).
Un pasado impronunciable es evocado a través
de los restos que el autor encontró en ese presente, haciendo que la violencia
reaparezca en detalles inertes, como mechones de cabello de mujer, unos guantes
de torturador, o las marcas de uñas que quedaron en las paredes y techos de las
cámaras de gas. De esa forma, la memoria se reconstruye a partir de elementos
en apariencia banales en los que Resnais localiza el rastro de lo que en otro
tiempo aconteció.
A esto se suman las imágenes reales de los
miles de cuerpos sin vida, anónimos, que tomaron los aliados al liberar a los
campos, legado de la conocida como «solución final». Unas imágenes de
la crueldad humana que el gran público veía por primera vez hiladas por un
discurso político que apuntaba a culpables, develando la hipocresía de diversas
instituciones.
INCÓMODO TESTIMONIO. Varias empresas hoy
líderes en sus respectivos sectores son aludidas en este ensayo audiovisual
como cómplices y valedoras del crimen fascista. Concretamente, podemos
distinguir el conocido logo de la multinacional farmacéutica Bayer en varias
imágenes de archivo que muestran los químicos tóxicos que la empresa enviaba
para testear en los cuerpos de los prisioneros, e industrias como Siemens, que
se nutrían de la inagotable mano de obra esclava que les proporcionaba el
Tercer Reich.
Los civilizados gobiernos europeos también son
señalados en alusión a la reincorporación de oficiales y funcionarios nazis en
diversas instancias del ejército y de la policía de la Alemania Federal, un
secreto a voces que hasta los años noventa no sería públicamente bautizado con
el nombre de Operación Gladio (2), formalmente auspiciada por el Pentágono en
toda Europa.
Cuestiones como éstas, que por alguna razón la
industria de Hollywood siempre se olvida de incluir en sus producciones sobre
el tema, evitaron que el filme fuese a concurso en el Festival de Cannes de
1956, haciendo primar la voluntad del gobierno de la Alemania Federal frente a
la de los sobrevivientes del genocidio. O que el propio gobierno francés
censurase una incómoda secuencia de tres minutos en la que se veía a un
vigilante galo custodiando un campo de concentración en Pithiviers.
Lejos de todo mensaje conciliador. Resnais
deja un perturbador final abierto en alusión a un horror que nos pasado sino
que es el Leitmotiv de la humanidad bajo una estructura de poder. Un final en
el que se hace referencia al carácter perenne de las atrocidades que nos han
sido mostradas (indudablemente motivado por las masacres y torturas que el
imperio francés estaba llevando a cabo en Argelia por aquel entonces), donde se
preconizan futuras «noches y nieblas», sin saber en qué medida el
tiempo le daría la razón.
No en vano, el título del documental hace
referencia al «Nacht und Nebel», el decreto firmado en 1941 que dio
lugar a la primera campaña -que los nazis impulsaron con sus presos políticos-
de desapariciones forzadas de la historia, y que serviría posteriormente de
inspiración al gobierno estadounidense para mantener su dominio a lo largo y
ancho del globo. Así, muchos prisioneros eran marcados en sus uniformes con las
siglas NN dando cuenta de un estatus especial que los hacía proclives a
desvanecerse repentinamente entre la noche y la niebla. Actualmente la expresión
forma parte del habla coloquial alemana designando aquellas acciones realizadas
en la sombra o de forma encubierta.
CORTOMETRAJES DE MADUREZ. Jean Luc Godard
sentenció en 1959 que «si el cortometraje no hubiera existido, Resnais lo
hubiera probablemente inventado», y es que, contrariamente a la mayoría de
carreras cinematográficas en las que los cortometrajes suponen una suerte de
pasajes hacia el largometraje, en el caso de Resnais constituyen auténticas
joyas experimentales con valor por sí mismas.
El caso de Noche y niebla es especialmente
significativo, ya que es posible ver allí los recursos expresivos y las
inquietudes que marcarían su obra posterior haciéndolo pasar a la historia como
el cineasta del tiempo y la memoria. Los traumas y tormentos que tienden a
sufrir los protagonistas de sus obras a partir de espectros del pasado, siempre
con la historia reciente como telón de fondo, tienen en este amargo poema su
primera gran expresión, en la que Resnais fue capaz de imprimir sobre el
celuloide el gran trauma colectivo que marcó la historia europea en el siglo
XX.
(1) Francia 1955. Guión de Jean Cayrol. Música
Hans Eisle. Fotografía Ghislain Cloquet, Sacha Vierny. Producción: Cocinor/
Cosmo-Films/ Argos Films.
(2) Operación durante la cual la inteligencia
estadounidense reclutó a ex oficiales nazis, como el famoso «carnicero de
Lyon», para tejer una red paramilitar anticomunista en toda Europa,
responsable de numerosos asesinatos y atentados terroristas durante la Guerra
Fría.
La evocación de un pasado impronunciable
06/Abr/2015
Brecha, Manuel González Ayestarán